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Socializar El Conocimiento

Socializar el conocimiento

Desde luego, hay algo que mucha gente inteligente, dotada y culta no acaba de comprender y, de ahí, surge su talante soberbio y hermético: todo cuanto conocemos se lo debemos a otros que o bien han puesto a nuestro alcance la información.

También ese conocimiento adecuado para construir ese saber o bien han desarrollado, incentivado o canalizado, adecuadamente, elementos como la curiosidad, la ausencia de tabúes o sesgos o la capacidad.

Todo ello para importar y moldear experiencias de otros escenarios (topología de negocios, por ejemplo, concepto cuyo conocimiento debo a C. B.) que causan una ruptura o salto cuántico en el nuestro, etc.

Viajando en el tiempo

Si tuviéramos oportunidad de hacer una gamberrada resultaría interesante tomar a uno de estos seres divinos que, de vez en cuando, flotan eternamente sobre los mortales y, viajando en el tiempo.

Hacerle nacer en una choza, en cualquier lugar perdido del tercer mundo, lejos de cuanto ha tenido oportunidad de conocer a lo largo de su vida.

¿Acaso sería el mismo? Evidentemente, acabado el experimento sería honesto  devolverlo al lugar de origen, sin alterar en una coma sus capacidades. Pero deseando que la realidad vivida cambiara su actitud ante los demás.

Todo, absolutamente todo, se lo debemos a otros. De ahí no solo el acto de justicia que es socializar lo recibido, el conocimiento y sus aplicaciones, sino también la conveniencia de permitir que otros nos ayuden a mejorar nuestra caja lógica.

Estamos evolucionando

Si las relaciones humanas en redes están evolucionando desde el 2.0, convirtiendo en bidireccional todo cuánto forma parte de lo cotidiano en las distintas facetas de la experiencia vital humana, ¿cómo podemos admitir que algo tan fundamental como es el conocimiento siga anclado en el 1.0, es decir, sin alcanzar la bidireccionalidad apuntada?

Siempre he visto el conocimiento como un paisaje ante el cuál podemos situar a diez pintores provistos de los mismos materiales, instrumentos y soportes. Estoy seguro de que los diez pintores analizarán ese paisaje con su particular visión, técnica, creatividad y carga emocional generando sus realidades como interpretaciones distintas.

Somos distintos

Si a continuación tomamos a 1.000 espectadores y los situamos ante las 10 obras se irán posicionando por afinidad con esas interpretaciones, aún cuando no conozcan el paisaje original. Somos así, distintos.

Del mismo modo diez profesionales con la misma información, formación y tecnología sin duda crearán diez modelos distintos de empresa, producto o servicio ante el cual el mercado se posicionará de un modo segmentado.

¿Podemos compartir sin riesgo?

Es posible, por tanto, compartir sin riesgo cierto de plagio (que es otra cosa). Si, además, resulta que los pintores (o profesionales) abordan fragmentos aislados de ese paisaje sin duda el resultado puede ser fascinante.

Por otra parte, tal vez de ese exceso de sobrevaloración de uno mismo y la continuada actitud de ver a los demás como inferiores, dependientes de un ser superior, surgen los modelos paternalistas que conducen a que la información no sea permeada sino atesorada, ocultada.

Solo se dice lo imprescindible como si los demás fueran incapaces de comprender o de aportar nada y el mero hecho del conocimiento fuera a causarles un estropicio por falta de recursos con que manejarlo.

La comunicación es esencial

Estamos en tiempos donde la comunicación es esencial y es valorada; donde aceptar la participación y la cooperación es un reto y una oportunidad; donde socializar el conocimiento, lejos de generar riesgos de relevancia.

Esto puede elevar exponencialmente el patrimonio en número de cerebros con capacidad de aportar valor, pero también la delegación y la colaboración en términos de confianza. Muchas empresas y estructuras adolecen de este modelo.

Creo que nos quedan muchos clichés que dejar atrás y olvidar esa época en la que el brujo se encerraba en la cueva para parecer ser lo que le permitía seguir siendo brujo ante los ojos de la masa adormecida; también de dejar atrás esos tiempos en que se llevaba el secreto de la poción a la tumba.

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